En diálogo con No Mientan Más, al ser consultada sobre cómo vive el proceso de ver sus historias transformadas en la pantalla, Piñeiro expresó: "Me llevo bastante bien porque soy bastante desprendida en el sentido de que yo sé que hay un inicio de un proceso de representación con el texto y que después entra un equipo de gente que también tiene que poner lo suyo y cambiar las cosas que sean necesarias para que funcione como audiovisual".
Sobre el resultado específico de esta nueva producción, manifestó entusiasta: "Estoy contentísima con lo que hicieron, me parece que hicieron un trabajo espectacular". Aunque la trama original transcurre en la Argentina, la serie fue filmada en Chile por decisiones estratégicas y empresariales de las productoras. A pesar del cambio de escenario, Piñeiro destacó el trabajo actoral y reflexionó sobre la particular resonancia de la obra en el contexto actual del país vecino:
"Me parece que los actores son de los mejores actores de Chile, pero además parece que los personajes hubieran sido escritos para ellos. La historia, que es una familia tan pero tan católica, casi que hoy va mejor para Chile que para la Argentina, que ya tenemos una ley de aborto".
La trama de Catedrales se inicia en 1986 con el trágico asesinato de Ana, la hija menor de la familia Sardá, cuyo cuerpo aparece mutilado y quemado en un baldío. Tres décadas después, el crimen sigue impune, marcando a fuego la dinámica familiar.
Piñeiro recordó que escribió la obra tras el primer intento fallido de sancionar la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo en Argentina durante 2018. Al rememorar las conversaciones que mantenían los colectivos de mujeres con los legisladores de aquel momento, señaló la fuerte presión que ejercía la estructura eclesiástica sobre la política.
"Muchas veces la respuesta [de los legisladores] era: 'No, sí, yo estoy totalmente de acuerdo, ¿pero sabés qué pasa? Si no, yo cuando vuelvo a mi casa y tengo que ir a misa, el cura desde el púlpito habla mal de mí y están mis hijos presentes'. La sensación, más allá de lo que cada uno pueda pensar desde el punto de vista religioso, es que las mujeres terminábamos siendo una moneda de cambio para estas cuestiones que bastante poco tienen que ver con la religión y más con conveniencias".
Finalmente, aclaró que sus críticas no van dirigidas contra las creencias individuales, sino contra las estructuras de poder. "No es una cosa contra la religión ni contra lo que alguien cree, sino contra los hombres que dentro de la Iglesia Católica han puesto normas en función de lo que les conviene, y muchas veces esas normas son y han sido históricamente en contra de las mujeres", concluyó.