Por Radio Provincia, Velázquez Arriola contó que la idea nació de una charla con su socio, cuando ambos trabajaban en otros proyectos que no los afectaban de manera directa. “Llegamos a la conclusión de que el celular era algo que nos limitaba mucho”, explicó, y a partir de allí comenzaron a diseñar una solución que desde julio ya usan más de 170 personas..
La diferencia con los limitadores que traen los teléfonos, señaló, es que aquellos “se desactivan desde el mismo celular” y “no hay tanta fricción”. BLOQ, en cambio, utiliza tecnología NFC, la misma de los pagos sin contacto, y “funciona como una llave”: el bloqueo se activa desde la aplicación, pero para levantarlo hay que acercar el teléfono al dispositivo, que puede quedar en casa mientras uno está en la facultad. El celular sigue sirviendo para llamar, pagar o usar Google Maps; sólo se bloquean las aplicaciones elegidas por el usuario.
El producto salió al mercado a principios de julio y se desarrolla a partir de lo que piden sus usuarios, como la opción de hacer pausas de 15 minutos que luego vuelven a bloquear el teléfono por sí solas. Los jóvenes no recibieron financiamiento: reinvierten lo que venden y fabrican el dispositivo con impresión 3D en resina.
“Es algo mucho más fuerte que uno”, advirtió sobre el uso del celular, y apuntó a los algoritmos diseñados “para no poder salir”, que hacen “muy difícil querer resolverlo solamente con la fuerza de voluntad”. En ese sentido, definió a BLOQ como “una herramienta que ayuda a construir un hábito”.